domingo, 11 de octubre de 2009

Mi confrontación con la docencia


Mi padre fue conserje de una escuela primaria por lo que desde los 11 años tuve contacto con profesores. Mi generación de Secundaria fue la última en ingresar a la Escuela Normal para ser Profesor de Primaria en tan solo 3 años, sin embargo, al obervar los conflictos que tenían los profesores con los padres de familia, mis padres no querían que fuera maestra por lo que ingresé al C.C.H. y cursé una carrera universitaria.
Estando en la Universidad ingresé al Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA) como voluntaria, para alfabetizar los fines de semana, posteriormente me asignaron grupos de secundaria para impartir asesorías de biología e historia. La mayoría de los estudiantes eran empleadas domésticas y trabajadores eventuales que a pesar de su limitado tiempo buscaban la oportunidad de aprender.
Lo que me impactó fue el hecho de que un señor de edad avanzada quisiera concluir su primaria, decía que en su juventud no había tenido el apoyo para hacerlo, que en su lugar de origen únicamente se impartía hasta el tercer grado y que deseaba aprender a leer y escribir bien. Dije que me impactó porque logró cumplir su anhelo antes de morir; su cetificado de primaria fue recibido post morten por su nieto quien leyó unas palabras de agradecimiento escritas de su puño “a todos aquellos maestros que han contribuido para que alcanzara mi sueño, gracias”. A pesar del tiempo no las olvido, y me siento trizte al recordar aquellos momentos.
No obstante, me dispuse a trabajar en la SEP en el área administrativa. Esto me permitió pagar mis estudios de Inglés. Tres años después me cambie a la SEDESOL y tuve nuevamente la oportunidad de dar clases aunque por un periodo muy corto.
Fue hasta 1998, cuando regresé a las aulas. En ese entonces me animé a buscar trabajo en el CONALEP para dar clases, y a pesar de lo dificil que pueden ser algunos alumnos o grupos nunca he pensado dejarlo.
Durante estos años he conocido a muchos jóvenes, algunos de ellos ya son profesionistas, otros estan en proceso de serlo y, es realmente reconfortante saber que se ha aportado algo, auque sea muy poco en su formación.
A pesar de estas bellas experiencias, siento que pude haberlo hecho mejor; pero me faltan las herramientas pedagógicas que un maestro de carrera tiene y que con la especialidad puedo adquirir.

1 comentario:

  1. Fide, te comparto que al leer tu experiencia y la narrativa que haces de tu alumno mayor; me conmovió hasta las lágrimas porque es una de las experiencias más bellas como bien lo dices y al mismo tiempo más triste de una persona que cumplió su sueño, y que no estuvo para recibir el documento que le mostraba que no importa que edad se tenga, cuando algo realmente se quiere no es tarde. Me conmovió tanto porque cuando he escuchado a personas adultas que dicen que les habría gustado estudiar pero que ya se les pasó el tiempo para hacerlo, siempre pensé que la edad no tiene porque ser un obstáculo para ello, es cuestión de actitud, que el ser joven es algo más espiritual que físico; porque aunque el cuerpo se acabe, el espíritu de hacer y de aprender, el entusiasmo con que vivas, es lo que te hace realmente joven.
    Fide, no lo comentas, pero creo que esa experiencia que viviste con tu estudiante mayor, son de las que te motivan cada día a como dices no rendirte con tus jóvenes por más difíciles que puedan ser las cosas.

    Muchos saludos Fide y te agradezco mucho compartir tu anécdota tan maravillosa, porque en verdad me conmovió mucho.

    Jacque.

    ResponderEliminar